Diario intimo de una okupa
El Bahia, Barrio de Sants, Barcelona 2007 .
Llegue cansada despues de aparentar ser una camarera amable en un bar en Plaza de Sants. Apenas llego veo que habian bardeado el "living" de la fabrica.
El Paluco en esa epoca se garchaba a Silvia y parece que la noche anterior habia llevado otra chica y la Silvia se enojo mucho y como buena punky que era, empezo a quemar quien sabe que, cerca de la mesa improvisada de ping pong.
Los que me daban laburo en negro en el bar de Placita de Sants eran unos mendocinos que trabajaban para un catalan que no tenia problema en explotar ilegales.
La mendocina tenia un caniche toy y se creia la Su Gimenez de Cataluña. El dia que Silvia bardio, yo llegue cansada, me tenian 10 hs dale que dale, y al terminar las 9 horas de atender catalanes (que osaban en dejarme un centavo (un centavo! de propina) me hacian limpiar el salón y despues los baños. Por suerte nunca estaban muy rockeados y no me daba tanto asco.
Yo tenia 25 años y solo pensaba en los mil euros que iba a ganar a fin de mes.
El dia que llegue y Silvia habia quemado quien sabe que, estaba muy cansada y escuchaba el final de la historia con que habia amenazado con prender fuego toda la fabrica por que Paluco no la queria.
La primera vez que entre al Bahia lo hice por la puerta incognita que unia el edifcio a la sala. El edificio tenia una entrada por la cortadita, la planta baja estaba llena de bicicletas, el ascensor no funcionaba y los chicos nos hicieron el tour y nos llevaron a la sala donde iba a comenzar una pelicula de cine mudo. En el segundo piso estaba la ducha de la casa, ahi por entonces vivian 20 personas.
- Como se imaginarán casi siempre hay alguien duchandose cuando se quieran bañar- dijo Sebas.
Cuando llegamos al segundo piso camino a la puerta secreta que nos llevaria al Bahia se escucha una voz de ultratumba femenina. Una mujer cantaba algo muy punk español y parecia poseida, su voz era de otro pozo y sonaba fuerte. Los que iban conmigo se rieron de mi y me dijeron:
- Es la Silvia, que se esta duchando, no seas cagona.
Asi la conoci, por la voz y la oscuridad.
Silvia, era bastante fea, de ojos verdes y mirada desconfiada,
Silvia, la piromana, era la peluquera del barrio.
Llegue cansada despues de aparentar ser una camarera amable en un bar en Plaza de Sants. Apenas llego veo que habian bardeado el "living" de la fabrica.
El Paluco en esa epoca se garchaba a Silvia y parece que la noche anterior habia llevado otra chica y la Silvia se enojo mucho y como buena punky que era, empezo a quemar quien sabe que, cerca de la mesa improvisada de ping pong.
Los que me daban laburo en negro en el bar de Placita de Sants eran unos mendocinos que trabajaban para un catalan que no tenia problema en explotar ilegales.
La mendocina tenia un caniche toy y se creia la Su Gimenez de Cataluña. El dia que Silvia bardio, yo llegue cansada, me tenian 10 hs dale que dale, y al terminar las 9 horas de atender catalanes (que osaban en dejarme un centavo (un centavo! de propina) me hacian limpiar el salón y despues los baños. Por suerte nunca estaban muy rockeados y no me daba tanto asco.
Yo tenia 25 años y solo pensaba en los mil euros que iba a ganar a fin de mes.
El dia que llegue y Silvia habia quemado quien sabe que, estaba muy cansada y escuchaba el final de la historia con que habia amenazado con prender fuego toda la fabrica por que Paluco no la queria.
La primera vez que entre al Bahia lo hice por la puerta incognita que unia el edifcio a la sala. El edificio tenia una entrada por la cortadita, la planta baja estaba llena de bicicletas, el ascensor no funcionaba y los chicos nos hicieron el tour y nos llevaron a la sala donde iba a comenzar una pelicula de cine mudo. En el segundo piso estaba la ducha de la casa, ahi por entonces vivian 20 personas.
- Como se imaginarán casi siempre hay alguien duchandose cuando se quieran bañar- dijo Sebas.
Cuando llegamos al segundo piso camino a la puerta secreta que nos llevaria al Bahia se escucha una voz de ultratumba femenina. Una mujer cantaba algo muy punk español y parecia poseida, su voz era de otro pozo y sonaba fuerte. Los que iban conmigo se rieron de mi y me dijeron:
- Es la Silvia, que se esta duchando, no seas cagona.
Asi la conoci, por la voz y la oscuridad.
Silvia, era bastante fea, de ojos verdes y mirada desconfiada,
Silvia, la piromana, era la peluquera del barrio.
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